Estaba leyendo en Crítica una nota en donde un grupo de personas tatuadas denuncian que son discriminados. Yo hablé oportunamente hace un tiempo de esto en un post de modificaciones corporales extremas (que recibió y recibe muchos comentarios de todo tipo de posturas).
Muchos en esto ven un arte, a mi no me deja de parecer (casi tres años después de que escribí esto) una estupidez (por suavizar un poco la cosa).
Hablé también de lo mucho que me costaría relacionarme con una persona con tatuajes y aritos hasta en el cu…, ya un tattoo me da como cosa, así que ni me quiero imaginar encontrarme con una persona tatuada así:

Si quieren salir a llamar la atención, por mi todo bien… que lo hagan. Que se metan aritos donde más les guste y se hagan un colador, pero que después no vengan a llorar que nadie les dá trabajo y salen a argumentar fracesitas dictadas por un abogado de turno como:
“La libertad de contratar a quien quiera es un derecho del empleador y trabajar es un derecho del empleado. El asunto es la idoneidad: si el gerente elige al no tatuado sólo por ese rasgo, es un acto discriminatorio y hay que denunciarlo”.
A mi, en lo particular, me causa repulsión, miedo, asco y varias cosas más… ¿soy culpable acaso de esto?. Lo natural es ver a las personas en su “estado natural” y no colgando metales o exibiendo formas por implantes subcutáneos o con un arco iris en la cara.
Me van a llamar involucionado, van a decirme que no tengo capacidad para ver la persona detrás del “personaje” y cuantos argumentos les plazca, pero yo no tengo porque hacerme cargo de sus decisiones, y reitero, a mi criterio estúpidas.
Cada uno tiene derecho sobre su cuerpo, nadie lo niega. Cada uno puede vivir su cuerpo como se le plazca. Cada uno puede hacer lo que quiere con su cuerpo. En esto, al menos yo, estoy de acuerdo con ellos:
“Hagamos valer nuestros derechos y vivamos en nuestros cuerpos con los colores que elijamos para ellos”
Genial… pero también, como tenemos derechos tenemos obligaciones. Y la obligación de ellos ahora es hacerse cargo de sus cambios. Nadie, al menos creo, los obligó a esto. Fue por voluntad propia, movidos o impulsados por la moda, el estilo, la tribu, su gente, o lo que sea… pero fueron ellos los que decidieron a “cambiar”, pero no es mi problema que el mundo no acepte su cambio.