Esperma artificial
Venancio era un gallego que se mudó a Argentina buscando un mejor porvenir (vaya contradicción), dejando a su esposa Pilarica en Santiago de Compostela, habiéndole prometido que iba a portarse bien.
Al poco tiempo de llegar, recibe una carta de Pilarica, en la cuál ella le contaba que le gustaría tener un hijo y que le enviara esperma por correo.
Venancio, poniéndose "manos" a la obra, cumple con el pedido de su esposa y le envía el esperma por correo. Al las tres semanas recibe una carta de su esposa confirmándole que había quedado enbarazada.
A los dos años vuelve Pilarica a pedirle otra vez lo mismo. Manolo accede al pedido y vuelve a remitirle más esperma. Esto se repitió cinco veces en los 10 años que Manolo estaba en Argentina: Pilarica escribía una carta, y Venancio mandaba su esperma.
Y ya por la sexta carta, y aburrido de mandar esperma, y con cinco hijos encima que tenía que manterner enviando mes a mes el dinero que hacía en este país, decidió poner fin al asunto. Entonces, mezcló maizena, un poco de clara de huevo y leche, y se lo envió a Pilarica.
Sorpresivamente, recibe a las tres semanas una carta en donde Pilarica le confirmaba un nuevo embarazo.
Manolo, entre sorprendido y pensativo, exclama:
- Joder hombre!, que hé inventao el esperma!