Los abuelos y las computadoras

Pispeando como la hago a diario, y aunque de vergüenza decirlo que en mi lista de pispeos está InfoBAE, encontré una nota que me trajo recuerdos de algunas personas a las cuales admiro por sus ganas infinitas de aprender.
El nombre de una de ellas es Mario, a quién conocí a través de su esposa que por esas casualidades un sábado a la tarde en un video club comentaba al vendedor que tenía problemas con su computadora y que la necesitaba porqué quería comunicarse con sus hijos en el extranjero. Me dió cierta cosa en mi interior y me ofrecí a reparársela, así fué como conocí a estos dos niños grandes. Mario es una persona que no se cansa de aprender. La verdad es que no recuerdo la edad, pero eso es lo que menos importa. Le gusta mucho el arte y la literatura, en su momento estaba buscando a alguien que le enseñara diseño gráfico, a la vez que se había inscripto para cursar una carrera en la facultad.
Otra persona que conocí y me llenó de inspiración fué cuándo trabajaba en una casa de informática de vendedor. Llegó un abuelo de unos 70 y pico de años a preguntarme si le podía conseguir un compilador Fortram… Yo con escasos 22 años y algo engreído pensé para mis adentros “¿pero para qué Fortram? eso no se usa más ni a gancho?” y me contó que trabajó para una empresa estatal y en sus años trabajaban con Fortram.
Y quería conseguir el compilador porqué tenía ganas de actualizar su vieja versión, aparte que estaba incursionando con otros lenguajes como Visual Basic y se consieraba un experto en Pascal.
Ambas personas me dijeron algo más o menos así”muchos viejos llegan a viejos y se tiran en una sillla, yo no… quiero seguir aprendiendo, porqué me gusta y ser viejo no me quita las ganas y me da más tiempo para poder hacer lo que quiero hacer, estudiar, aprender,” y lo dicen con una alegría, con unas ganas que te da envidia.
Mario tenía Internet y estaba absolutamente maravillado por la cantidad de información que encontraba, que tenía a sus manos… algo que en sus épocas de estudiante no tenía. Es algo con lo que personalmente me siento identificado. Muchas veces pienso que distinta que habría sido mi secundaria, mi vida, sí hubiera contado con una herramienta con Internet.
Varios años atrás mucha gente no podía acceder a las cosas que por ahí le interesaba. A mi por ejemplo me encantaba la astronomía de pequeño. Pero lo más avanzando que llegaba a mi pueblo eran revistas como Cosmik, Muy Interesante o Conozca Más…
Y así supongo que habrá pasado con mucha gente.
A veces hoy me da cierta rabia como los pendex de hoy en día se la pasan en Internet haciendo boludeces, en vez de aprovechar todo el potencial que tiene para ofrecerles. No estoy en contra que boludeen, yo también lo hago para dispersarme un rato, pero… podrían usarla para cosas más productivas a veces.
Pero no quiero desviarme del eje central. Me parece que el gobierno debería impulsar actividades para los más ancianos, que conozcan esto de la informática. Yo se que muchos le tienen una especie de miedo a todo esto, pero deberían ver que tan maravillosa puede ser la experiencia, al menos intentarlo como muchos ya hicieron.
Creo que muchos abuelos, y con herramientas como blogs tendrían muchas cosas para decir, para enseñar, desde viejos y míticos trucos de cocina, hasta chistes o anéctodas como esas que cuentan los domingos al mediodía mientras almuerzan en familia.
Dicen que Internet nos aislará tarde o temprano. Yo me animo a pensar que Internet de alguna manera rompe las fronteras del aislamiento, no charlamos con máquinas, sinó con personas que están detrás de esas máquinas. Jorge Lanatta dijo: “decían con Internet que se iba a terminar la escritura, hoy escribo más que nunca y cada vez lo hago más”.
Y es cierto… hoy escribimos más que nunca, expresamos ideas más que nunca, nos comunicamos más que nunca, y de alguna manera dentro de un universo virtual a veces caótico, anárquico.