Campaña contra la prostitución infantil en Puerto Rico

Es increíble cuan fuerte pueden ser algunas imágenes.

Campaña contra la prostitución infantil en Puerto Rico

Es parte de una campaña de Amnistía Internacional.

Por Pablo Beca
Guardado en: En este mundo, Diseño & Arte | Sin comentarios » | 29 de Noviembre de 2008 | Guardar en del.icio.us | Meneame

En el país de la mejor carne y leche… nos estamos quedando sí

La pelea entre el campo y el gobierno sigue. Ya no es tan mediática como lo fue hace unos meses porque ahora estamos entretenidos con esto de los carteles mexicanos en Argentina y la crisis internacional, pero lo que está pasando “tranqueras adentro” es realmente grave.

Hace tiempo que los dirigentes del campo vienen anunciando que la producción ganadera está cayendo, que va a faltar leche, que esto, que lo otro… y desde el gobierno salen a desmentir todo con teorías que si bien son razonables, no dejan de ser mentiras.

Estoy leyendo que en el departamento Las Colonias de nuestra provincia el stock ganadero se redujo en más de 50.000 cabezas, se cerraron 31 tambos y 110 de productores dejaron de trabajar en el campo.

Cuando se dice que no es rentable, se habla en serio. Obviamente que son unos pocos al lado de los miles de productores de Argentina (y sigo aclarando que no estoy hablando de los grandes), sino de esos que son o familiares, padres de amigos o conocidos. Gente que me consta que laburan de sol a sol, muy lejos de la comodidad de la oficina desde la que muchos critican la tenencia de 4×4 o vehículos último modelo.

Son muchos los productores que dejaron de comprar camionetas, herramientas y tecnología. La razón es bastante obvia. Y las consecuencias mucho más obvias. Y no es que lo festeje, me da muchísima pena, tristeza y vergüenza.

La producción de trigo cayó en un 50% este año. El gobierno no dice nada, es su lenta venganza… que pagará obviamente el pueblo.

Estos tiempos la carne bajó, los frigoríficos tienen sus cámaras saturadas. Los motivos son bastantes simples: la gran sequía obligó a muchos ganaderos deshacerse de sus animales y fueron a parar en su mayoría a frigoríficos. Y por si fuera poco, cerraron las exportaciones. Así que, esta abundancia de “vacas gordas” no será para siempre. No faltará mucho tiempo para que veamos las consecuencias que son otra vez obvias.

No termino de entender la lógica de este gobierno sin caer en el absurdo. Hablan de distribución cuando la pobreza no hace otra cosa más que aumentar, hablan de trabajo cuando este comienza a caer, hablan de honestidad cuando mienten todo el tiempo.

No sé ustedes, pero siento que me estoy perdiendo de algo.

Por Pablo Beca
Guardado en: Argentina, Política, Economía | Sin comentarios » | 25 de Noviembre de 2008 | Guardar en del.icio.us | Meneame

No estoy solo en lo que pienso

Hace un tiempo que vengo siguiendo el blog de Martin Varsavsky. Para quienes no sepan, el es un argentino que ahora está radicado en España. Es un empresario e inversor y se define a sí mismo como un emprendedor, y lo es. A creado varias empresas entre las más famosas FON. También fue el impulsor de Educ.ar en Argentina.

En muchas cosas disciento con él, y trato de dejar mi comentario… pero entre los tantos que dejan en cada uno de sus post a veces ni opino. Pero en otras cosas, sobre todo cuando habla de Argentina, no puedo estar tan de acuerdo.

Martín por estos días está en Buenos Aires y tiene la costumbre de pasear con su cámara por las calles de la ciudad que esté visitando y comentar cosas. A veces relacionadas con la ciudad, o cosas que simplemente se le vienen a la mente. A veces hay comentarios personales, de su vida y su familia, otras veces comenta ideas y otras veces situaciones.

Aquí les dejo un video de su post “Momentos de tensión en Buenos Aires”, en donde cuenta un par de situaciones un tanto ridículas, pero que reflejan una realidad que desde adentro como argentinos no podemos o no queremos ver o aceptar, sin embargo está y lo pueden apreciar desde el punto de vista de un argentino que no vive en Argentina:


Por Pablo Beca
Guardado en: Argentina | Sin comentarios » | 24 de Noviembre de 2008 | Guardar en del.icio.us | Meneame

Por qué todavía no me compré un DVD

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.

No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los críos. Los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales). ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables!

Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad.

¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto.

Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!

Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida. ¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.

¡Nos están fastidiando! ¡¡Yo los descubrí. Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.

¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike? ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa?

¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista? ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?

Todo se tira, todo se desecha y mientras tanto producimos más y más basura. El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!! ¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de xx años! Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII). No existía el plástico ni el nylon.

La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan. Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.

De por ahí vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el ‘guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo’ pasarse al ‘compre y tire que ya se viene el modelo nuevo’.

Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo)

Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.

Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita.

¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto.

Y guardábamos. ¡¡Como guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!!

¡Guardábamos las chapitas de los refrescos! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!

Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus.

Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón.

Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón.

Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor.

Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables.

Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave.

¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

Las cosas no eran desechables. Eran guardables.

¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía ‘este es un 4 de bastos’.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa (broches) y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.

Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden ‘matarlos’ apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada. Ni a Walt Disney.

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: ‘Cómase el helado y después tire la copita’, nosotros dijimos que sí, pero, ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.

Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se tansformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos.

¡Ah¡ No lo voy a hacer!

Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.

Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer.

No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.

No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares.

De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva.

Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la bruja me gane de mano y sea yo el entregado.

Hasta aquí.

Por Eduardo Galeano.
Vía: Apuntes son solo apuntes.

Por Pablo Beca
Guardado en: Filosofía Barata, En este mundo | Sin comentarios » | 24 de Noviembre de 2008 | Guardar en del.icio.us | Meneame

¿Supermán? accidentado mientras andaba en moto

Si este tipo no es supermán encubierto… tiene 50 Angeles y dioses para el solo:


Por Pablo Beca
Guardado en: Curiosidades | Sin comentarios » | 19 de Noviembre de 2008 | Guardar en del.icio.us | Meneame

¿Armas? ¿si o nó?

¿tener armas si o nó?

Me tomo un break y me pongo a reflexionar un poco sobre algo que ví el otro día en la TV.

Creo que era en el programa de Chiche en donde habian invitado a gente que tenía armas y practicaba tiro, como un deporte algunos y otros por cuestiones de seguridad personal.

Ya hable de esto en otro momento, de si tener o no tener armas en Argentina, y si bien no soy partidario, creo que la situación social de este país lo amerita. Más aún si estás en zonas como los suburbanas o rurales, en donde literalmente estás solo.

No soy partidario de tener armas porque se que son un, valga la redundancia, un arma de doble filo. Pero creo que sí la situación lo amerita porque lamentablemente quienes tenemos como gobernantes, fuerza policial o jueces en sí, no hacen nada, o al menos no hacen lo necesario.

No quiero pecar de pesimista, pero esto está cada vez más peor. La psicosis es cada vez más generalizada, la bronca aumenta y aumenta entre los sectores sociales, cada vez es más marcado esto de negros, blancos, gringos, políticos, y esto y lo otro.

Los asaltos van acompañados ya de muerte o heridos graves. La idea fue siempre no resistirse, pero ahora ves que si no te resistís te matan igual. Entonces ¿qué tanto sentido tiene “no resistirse”?, para muchos ninguno. Antes de que te metan un tiro por no hacer nada, la lógica interna te dice “por lo menos hacé algo, a lo mejor safás”.

No es novedad que cuando más se separan los sectores sociales, más “roces” existen entre unos y otros, y ni hablar cuando un sector social se mete con el otro como está sucediendo: las diferencias son cada vez mayores, la discriminación cada vez es mayor, el miedo es cada vez mayor.

Incluso me pasó sin darme cuenta el otro día cuando un tipo se me acercó para pedirme una moneda para el cole mientras yo sacaba unas fotos con mi cámara. Internamente pensé “este me viene a robar la cámara”, mi instinto fue tratar de esconderla, mirarlo fíjamente a los ojos, poner en alerta a mi perro y prepararme para lo que venga. Fue todo en en lapso de un segundo.

Juzgué inconscientemente todo por la pinta. El tipo nada que ver, pero fue algo instantáneo e incosciente. Y es parte de esa psicosis que está en el ambiente flotando.

A lo que voy es que esto ya se fue de las manos. Las medidas que la Iglesia dice que hay que tomar y muchas otras ONG’s de DDHH creo que ya no sirven en el corto plazo. Tampoco se que sirven bajar la edad de imputabilidad de los menores y armarnos hasta los dientes todos, pero lamentablemente el miedo ya instaurado nos lleva a buscar la salida más rápida, sean legales o no tan legales, constitucionales o no, estén acorde a los DDHH o nó.

Y este es el ataque o respuesta del sector que, económicamente/culturalmente está mejor, hacia el sector más pobre de donde se supone que vienen los delincuentes. Y no, no me olvide que el otro sector están los peores.

Y muchos se arman… Mientras hay campañas para el desarme de la población civil, otros tantos se arman por su lado. Es razonable, y es lógico, más allá de que sea moralmente correcto: es simplemente sentido de supervivencia.

Ni más ni menos que eso.

Por Pablo Beca
Guardado en: Filosofía Barata, Argentina | Sin comentarios » | 18 de Noviembre de 2008 | Guardar en del.icio.us | Meneame