Recuerdos de navidad

Me acuerdo que de chico hablar de navidad era emocionante. Era algo que estabas esperando todo el año. Por muchas cosas.

Un poco porque nacía el niño Jesús, era como un recuerdo, recuerdo obviamente creado artificialmente por tus padres, por la escuela, por las historias que uno leía, por alguna peli que por aquella época pudo ver, y por todo lo que se hablaba. Y ponías agua y pasto para los camellos, un condena para tus viejos que tenían que levantarse temprano a tirar el agua y el pasto así pensábamos que habían pasado por ahí y nos poníamos contentos. Rutina que se repetía para el tiempo de los reyes magos.

Creo que lo que más sumaba es porque venía Papá Noel. Esto era hasta que un día descubrís que Papá Noel no son más que tus viejos comprándote regalos a escondidas y guardándolos hasta que llegara la navidad. Después de descrubir la verdad, te volvías cómplice de esa “mentira” para que tus hermanos menores vivieran esa fantasía. Aunque uno no entendía demasiado de fantasías.

También era lindo porque te reunías con familiares, tíos, abuelos, primos, etc. Y siempre algún regalo venía “extra”. Y se comía, y tomabas gaseosa! eso que casi nunca tomaba porque “hacía mal tomar tanto”. Durante todo el año las opciones eran agua o jugo en el mejor de los casos. Pero en las fiestas, había gaseosa! o coca-cola o “sevená” por 7 up, que erá como la pronunciábamos. (Ahora como somos más grandes y más finos, y sabemos tres palabras en inglés, vamos al kiosko y pedimos una “seven-up” ).

Tampoco faltaban esas comidas que no comés en todo el año, o sea, la comida chatarra: palitos, chizitos, maníes, etc. que servían de “entrada”. Era todo un lujo por aquellas épocas. Al menos para quienes vivíamos en el campo.

Ah… infaltables los fuegos artificiales, que por aquel entonces se limitaban a los rompeportones, cañitas voladoras (no de las sofisticadas que vienen ahora), triangulitos, cebollitas, petardos y virulana (lana de acero mejor dicho) y buscapies (cañitas voladoras sin la cañita :P )… y la “ametralladora”, obvio.

Y como vivía en el campo, me lamentaba no estar viviendo en el pueblo para ver los cohetes y todo eso más de cerca. Porque lo veía el espectáculo desde lejos. Hoy ya mi familia vive “en el pueblo” y pasamos las fiestas ahí. Y vaya ironía ¿nó?, por que ahora me gustaría estar en el campo para poder apreciar todo ese espectáculo de colores en su totalidad, no parcialmente como sucede ahora estando en el pueblo donde más de una casa o árbol no te deja ver el todo, sinó una parte.

Con el pasar de los años, ya adolecente, la navidad sumaba otro ingrediente: la salida al boliche. Como era una fecha especial, te dejaban salir casi seguro, cuando no te hacían elegir entre navidad y año nuevo. Vaya problema! De última te jugabas y elegías navidad, total te proponías romper y romper las pelotas para que te dejaran salir en año nuevo.

Ya las salidas me hacían perder un poco el entusiasmo familiar, porque ya estabas pendiente de terminar de cenar, que se hicieran las 12, saludar, brindar, decir feliz navidad y salir picando a buscar a tus amigos (llevándote de contrabando alguna sidra, obvio).

Epa. Me estoy olvidando del ícono más importante: el arbolito de navidad . Personalmente no veía el momento de empezar a armarlo. No tuvimos arbolito de navidad hasta mis 8 años creo, cuando mis abuelos nos regalaron uno. Después de ahí me dije que ese momento era un antes y después de las navidades. De ahí en más las navidades serían 100% completas.

Así que todos los años me desvivía por armar el arbolito. Ya noviembre estaba todo el tiempo “asujetado” por mi vieja porque no era tiempo aún de armar el arbolito. Aunque yo quería armar el arbolito a toda costa ¿qué tenían que ver las fechas?. Hasta que por fin llegaba el bendito 8 de Diciembre y me daban luz verde. No sabía muy bien porque esa fecha, pero no importaba demasiado.

Años más tarde apareció mi hermana, cuya combinación de vaya a saber que genes son similares entre nosotros y tenemos esa pasión por armar el arbolito de navidad. Así que tuve una coequiper desde esos momentos. Aunque a veces como estaba en Santa Fe ya estudiando, no llegaba a tiempo y ella se hacía cargo.

Hasta que finalmente quedé radicado por esta ciudad, y con un amigo que en aquel momento trabajábamos juntos en un proyecto, Fabio, compramos un arbolito, adornos, y por fin ya tenía mi propio arbolito de navidad.

Hoy ya tengo 32 años. Calculo que en algún momento me imaginaba “casado y con hijos a esta altura”, pero la vida da esos giros inesperados que te tiene acá todavía en la búsqueda de tu media naranja.

Dicen que los años no vienen solos, algunas cosas se pierden, otras se ganan, y vas entendiendo otras cosas.

Seguro que esta navidad, me cruzaré con mis amigos, y como varios ya están casados y con hijos, tendré que hablar de Papá Noel (aunque ya no crea en él), de ese personaje que no existe, pero que volverá a existir una vez más en mí, perdurando como lo viene haciendo desde hace generaciones. Por la simple razón de ¿porqué no permitir fantasías ? más aún si es una fantasía sana.

Ya ahora no espero las 12 para brindar e irme a la casa de mis amigos. Ahora más bien brindamos, hablamos, miramos los fuegos artificiales, me dedico a sacarles fotos, y tirar cohetes ahora un poco más caros ;)

Y hay cosas que perduran, que hacen a la tracición de las fiestas, como por ejemplo la de preparar la ensalada de frutas por ejemplo. El 24 o 31 a la mañana comienza la ardua tarea de pelar bananas, picarlas, probar todas las bananas, pelar naranjas, picarlas, sacarles las semillas, picar manzanas, abrir latas de durazno, ananá y ensaladas de frutas, comerte las cerezas de la ensalada de frutas, pelearte por las tres o cuatro gotas de almibar que quedan en la latas con tus hermanos, impedir que el que anda dando vueltas no se pesque nada sin permiso, etc.

Después depende de lo que se vaya a comer, o te toca pelar y picar ajo para preparar el adobe (condimento, no el adobe del Photoshop), y esas cosas. Eventualmente en el caso de lechón llevarlo a la panadería para que te lo cocinen, después a la tarde irlo a buscar, pelliscarlo a ver si está bien cocido y bien adobado (condimentado), y empezás por los riñoncitos si no te lo comieron los de la panadería, el cuerito y todo lo más accesible.

Ahora que me acuerdo, la navidad pasada no armé el arbolito. Creo que porque no tuve ganas de hacerlo supongo. Y tampoco pensaba hacerlo esta navidad, pero si lo voy a hacer. Ni bien termine de escribir esto, empezaré por buscarlo antes que nada, y junto con eso buscar los adornos, desenredar las luces para darme cuenta de que no andan, tratar de arreglarlas, sufrir un par de descargas eléctricas, desistir e irme a comprar unas nuevas :P

Hay muchas cosas para escribir sobre la navidad, hay muchos recuerdos que uno acumula, hay navidades buenas, las hay malas, pero más allá de todo lo que uno pueda creer, yo personalmente como alguien que duda de casi todo, más aún de la religión, creo que la navidad es buena.

No por el hecho de conmemorar el nacimiento de Jesús, para los que creen, ni tampoco por toda esa hipocrecia que muchas veces se ve reflejada en esas tan lindas tarjetas y mails que se envían y reenvían, con powerpoints y que esto y que lo otro.

Está bueno porque de alguna manera es como que esta “cultura” de la navidad te obliga a romper un poco con la rutina de todo el año. Está bueno porque recibís muchos deseos de que te vaya bien, y vos deseas lo mismo. Te acordás de que tenés una familia, de que tenés amigo, de que hay fuegos artificiales, de que está permitido comer hasta reventar o emborracharte, de que podés gastar sin pensar demasiado si te da o no el presupuesto, etc., total es navidad.

A veces eso creo que es bueno. No siempre. Pero después de todo ¿se la pasa bien o nó? También en el fondo se reniega ¡qué para qué tanto! ¡qué porqué gastar tanto! ¡qué porqué comer tanto! ¡qué no se justifica! y un largo etc. de quejas, pero creo no es más que la misma conciencia desconcertada un poco.

Así fueron mis navidades hasta hoy. No se como serán las de mañana. Pero como todo cambia, seguro que cambiarán, pero por suerte, estoy casi seguro que muchas cosas transmitiré, muchas cosas contaré, otras escribiré. Y así colaboraré también yo a mantener esta tradición, que evoluciona como todo, pero mantiene algunas cosas que no espero que nunca cambien.

2 Comentarios en “Recuerdos de navidad”

Gravatar de Ignacio

Ignacio
10 de Diciembre de 2007 a las 10:39 am    

¿”venía Papá Noel”? No sabía que algún santafesino antes del boom del cable (1988) honrara a San Nicolás vestido por Coca Cola.

Gravatar de Pablo Beca

Pablo Beca
10 de Diciembre de 2007 a las 10:08 pm    

Para 1998 ya tenía 13 años y me había dado cuenta de que Papá Noel no era real.
Aparte de eso, vivía en el campo y no tenía cable en ese lugar, solo ATC. Y podrás deducir que no necesité ver a través de la TV para darme cuenta de ciertas cosas.

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