¿Fe o esperanza?
No se que me pasa hoy pero es algo que hace rato que quería escribir… o al menos pensar y filosofar un rato.
Fe y esperanza son dos palabras tienen una esencia muy similar: creer en algo. Aunque fe a mi criterio parece ser “más fuerte” que “esperanza”, más aún cuando pensamos que esta relacionado directamente con la religión. Todo el tiempo las iglesias de cualquier índole hablan de tener “fe” en Dios, lo cual se traduce como: “crean ciegamente en Dios, aún si nadie lo ha visto, si nadie sabe realmente si existe, si nadie sabe como es, si nadie lo a tocado, si nadie lo a oído, crean“.
Por eso me gusta más la palabra esperanza: “Espero que…“, “tengo esperanzas de que…“, es como que le estás diciendo a alguien “se que podés hacerlo, aunque pude que no puedas, pero está todo bien igual“. En cambio decir “tengo fe en vos…” tiene como “más presión”, porque se supone que si tenés fe en algo, ese “algo” tiene que existir o concretarse: si o si.
Fe es como creer en algo a ciegas, sin objetar, sin discutir, y incluso somterte a eso. Es como ser optimista extremo sin siquiera considerar una alternativa. En cambio, esperanza no, es ser optimista pero con un poco de realista: esperás que sea así, pero sabés que puede no ser así, y eso de da lugar a manejar las cosas con otro criterio, y enfrentar las cosas con mayor naturalidad.
“La fe mueve montañas” dice un viejo refrán. Creo que es muy cierto. La fe es algo muy fuerte. La fe se apoya en la creencia incondicional acerca de algo o alguien. No da lugar a otra cosa. Y eso es hasta peligroso, sinó observen los extremistas religiosos: por su fe someten, asesinan, se condenan a si mismos en muchos casos, hacen atrocidades, etc… como también hay muchos que por su fe hacen cosas maravillosas.
La esperanza en cambio es una creencia más racional, y es más fácil despegarla del fanatismo que a veces puede provocar la fe. Da lugar a otras posibilidades, y eso siempre es bueno.
La esperanza está más cerca de “tener una idea acerca de como queremos que se den o sean las cosas“, lo cual es preferible a “creer en como tienen que ser las cosas“. Como bien lo escuché alguna vez en una película: cambiar una idea es mucho más fácil que cambiar una creencia.
Cuando creemos en algo incondicionalmente, construímos muchas cosas sobre eso, montamos toda nuestra vida en muchos casos sobre esa creencia, por que confiamos en eso ciegamente, porque tenemos esperanza. ¿Pero que pasa si eso en lo que creemos simplemente “desaparece”? : todo se viene abajo, duele, desconcierta y posiblemente nos arruinaría la vida para siempre.
¿Que pasaría si algún día se descubre que Dios no existe? ¿Qué pasaría si se confirma que Jesucristo no existió o fue en el mejor de los casos una persona común y corriente como todos, que nunca resucitó, que nunca hizo milagros? Son millones y millones las personas que creen ciegamente en esto y dedicaron su vida a creer esto y alimentar esta creencia. Solo hacete una mínima idea de lo que podría significar eso, y tendrás una idea de lo peligroso que puede ser tener fe.
Por eso elijo la esperanza. Sigo creyendo, sigo teniendo ideas y deseos como quiero que se den las cosas, con una sútil cuota de realismo, pero con una gran cuota de fantasía, porque nunca es mala mientras se no te pares en el extremo de una cosa u otra.