Cuando la vida te hace click
No estoy hablando del click del mouse (conocida onomatopeya).
Estoy hablando de eso que decimos en algún momento de nuestras vidas (o varias veces) “me hizo click”, cuando queremos decir, “me dí cuenta de tal cosa”.
En algún momento ocurre algo que te “inquieta”, y alguna parte de tu propio ser queda colgada en eso. Pasa un tiempo, que puede ser desde horas o años, pero eso que te inquietó siempre está de alguna manera más o menos presente, y no presisamente en el inconciente.
La vida a veces se las ingenia para ponerte a prueba, y a veces elije los momentos más difíciles. Momentos en los cuales se te hace realmente difícil apreciar algo, o demasiado fácil ignorarlo (una verdad expresada de dos formas distintas).
Hasta que por alguna razón, a veces tan tontas como un simple correo electrónico leído accidentalmente en un absurdo lugar del tiempo, todas esas cosas que creíste no prestarles atención o creíste ignorar, hacen que de alguna forma cobren un sentido cuando se ordenan en tu cabeza mientras recorrés esas palabras.
Cosas que te hacen despertar y reaccionar de un salto y salir impulsivamente a tratar de corregirlas. Hasta que crees ya que es demasiado tarde, y confirmás que ya hiciste demasiado daño.
Entonces tratás evitar lo inevitable. Tratás de alejarte tratando de olvidar, de ignorar, de hacer caso omiso a todo. Pero la vida otra vez te juega más fuerte: de enfrentarte cara a cara.
Tratás de seguir con lo que te proponés, pero la belleza despierta esa fiera que llevás dentro y salta con todo ese impulso reprimido solo para pedir algo imposible: perdón.
Hay palabras, hay reproches, hay lágrimas, explicaciones que confunden, porque simplemente aún no terminaste de entender aún creyendo haberlo entendido todo.
Un giro que tal vez no esperabas te da esa “tradicional” oportunidad de hacer las cosas bien.
Arrancás cambiando radicalmente muchas cosas, tratando a veces de reparar, otras veces de corregir, otras veces de sanar. El tiempo y las circunstancias te la hacen difícil. Te llenan de dudas, de miedos, y a la vez de esperanzas y ganas.
Y seguís buscando muchos porque’s, tratando de entender todo y como encaja todo. El miedo a fallar y cometer errores está latente en todo momento. Incluso el miedo a ser por no haber sido cuando tuviste que ser.
Te confundes, te tiembla la mano, y a veces la voz. Sin embargo te decidís, vas, empujás y remás. Te das cuenta que ser vos mismo también puede doler, tanto como no serlo. Maldecís no haber entendido todo esto antes, odias haber sido, aún sin entenderlo todo.
Buscás hasta en el absurdo entender lo que es simple. Lo que es claro. Entender reacciones que uno mismo tendría. Las escuchás, porque te las dicen… de manera sigilosa, pero directas.
Tratás de agarrarte de palabras y no de hechos, porque aún no viste el hecho más importante: la oportunidad.
Cada puerta que tratás de abrir se te cierra. Y te quemás el tiempo tratando de entender.
Te acordás que alguna vez escuchaste que las oportunidades son únicas, solo son una vez. Y esa vez puede marcar un para siempre o un nunca. Pero es una idea que no querés aceptar. Que no querés escuchar. Te acordás que esas palabras son tuyas. Y te dás cuenta que esas palabras también de alguna forma le pertenecen a otras personas.
Es exactamente cuando volvés atrás de todo. Al inicio. Al día y hora que empezó todo.
Recorrés cada segundo. Revivís cada segundo. Vas hacia adelante tratando de no perderte nada de nada. Recorrés instante a instante. Y vas cayendo poco a poco en como son las cosas. Vas encontrando esa respuesta. Vas entendiendo.
Llegás a este momento.
Cerrás los ojos.
Volvís a abrirlos.
Es imposible volver a atrás. Las cosas ya se hicieron así. Esas cosas que fueron causas que tienen las consecuencias que estás exáctamente viviendo ahora. Hay un daño. Y sabés en cierta medida que es ese tipo de daño que difilmente se pueda reparar.
Planteas que hacer. Y como hacerlo correctamente. Sin egoísmo. Sin orgullo. Siendo sincero.
La verdad esta enfrente tuyo. Y sabés que las opciones son simplemente dos. Entonces buscás todas las señales en cada hecho, en cada palabra.
De tu lado entendés ahora todo. Sabés que es lo que sentís, que es lo que se siente. Aprendés y tratás de aquietar tu alma. Porque tal vez es la única forma de volver a creer, a confiar y abrir esas puertas que cerraste vos mismo.
Tu otra opción es perdín perdón y abrirte. La más simple, pero también posiblemente de la que más cosas puedas perder.
Decidís jugarte tal como te lo propusiste, y como lo prometiste. Tenés todo por perder, y al mismo tiempo absolutamente todo por ganar. Incluso sabés que podés agotarte, golpearte y lastimarte. Tratás de que no te importe, aunque el miedo te consuma.
Lo hacés simplemente. No sabés como seguirá. Simplemente te decidís una vez más a ir. Y hacerlo bien esta vez. Te lo prometés más allá de que las promesas no tienen ningún valor en otro lugar, pero te es suficiente tu propia palabra, porque te conocés.
Y así arrancás. Distinto. Porque ahora sabés que hay un hecho que habla por sí solo: la oportunidad. No te dicen bien porque esa oportunidad, pero intuís algo. Y es donde comenzás a creer.
Un comentario en “Cuando la vida te hace click”
No siempre busques explicacion a las cosas.Una frase seria el corazon tiene sus razones, q la razon no alcanza a comprende .y considero q si te dieron una oportunidad es porq a esa persona le importas, pero tal ves le asuste un poco tu cambio radical.y no te asuste sentir lo q sentis es un bello sentimiento es puro y sincero.Eso creo? bueno te dejo y espero q no pienses tanto solo senti y listo, no trates de analizar todo solo senti ese es la pista para saber q le sucede a la otra persona.Eso es lo esencial sentir y sentirse amado. Besos
sindel
15 de Febrero de 2008 a las 12:49 pm