La paradoja de elegir
Desde enero de este año me ví sumergido en algo increíblemente estresante: compar un auto.
Lo que pensé que era algo increíblemente sensillo no lo fue. Fue increíblemente estresante, paralizante y me insumió mucho tiempo: en buscar y en pensar si estaba o no tomando la decisión correcta para resolver un problema que, para mí, no era un problema.
¿Por qué? Hay taaaaaaaaaaaantas opciones en el mercado que sinceramente te vuelven loco. Y ni hablar de las opiniones y los concejos que todo el mundo, amigos, conocidos, personas en la Internet, y vendedores te hacen.
Finalmente creo que encontré un auto. Pero hasta ahora no estoy seguro si es o no el auto perfecto o el que hubiese querido: sin embargo resuelve mi “no problema”. Puedo salir a pasear cuando quiera y no dependo del cole, la bici, o el taxi.
Sin embargo, esa “comodidad” implica un montón de esfuerzos extras en materia “económica”. Si… un poco más de $ 300 por mes para echar a roda 4 ruedas a la calle no es demasiado, es un 600% más de dinero que necesitaba para moverme de un lugar a otro.
En el fondo, estoy satisfecho, contento y para nada arrepentido. Tuve la suerte de encontrar un auto, un buen auto, a un precio razonable, con poco uso, de color blanco (que no necesito lavarlo cada vez que lo saco a la calle), y de un modelo de varios años atrás con lo que no pago “demasiados” ridículos impuestos y seguro.
Pero, un poco más arriba, no dejan de invadirme preguntas estúpidas cómo: ¿que pasaría si hubiera esperado? ¿qué pasaría si hubiera comprado el otro? ¿o un modelo más reciente? y bla, bla, bla, bla… que no son más que todas esas preguntas que te vienen una y otra vez a la cabeza cada vez que ves otro auto en la calle, o ves un comercial. O sea, ¿qué pasaría si hubiese elegido otra cosa?
Esa estúpida pregunta te caga el disfrutar de lo que tenés. La posibilidad de elegir entre una infinita cantidad de cosas es increíblemente desepcionante y estresante. Nunca se está conforme, siempre hay algo mejor… y si le sumamos las estúpidas frases como “podés tener lo que quieras”, “no hay límites” y esas cursillerías de “autoayuda”… te volvés loco, depresivo y terminás abajo de un tren como le pasa a muchas personas.
La verdad es que sí: no se puede tener todo lo que uno quiere (en realidad, que te imponen que tengas). Y sí, hay límites.
Y es necesario saberlo, por nuestra salud, por nuestro bienestar y por nuestra felicidad… porque jamás vamos a ser felices corriendo atrás del último celular, de último jean, de último auto, de la última moda… porque hay una razón muy simple: no existe lo último.
Hasta que no ví este video en donde el psicólogo Barry Schwartz habla de la paradoja de elegir, no me había dado cuenta de que tan dificil es comprar un puto pantalón. Antes mi vida era bastante simple: vestía con lo primero que encontraba y solucionaba mi problema.
Después “aprendí” a que los pantalones se combinan con los zapatos, con la camisa, con el cinto, con las medias, con la gorra, con la cobarta, con el saco, que había texturas, telas, colores con nombre de objetos (ladrillo por ejemplo), etc. Y desde entonces, lo que para mí era entrar una tienda, pedir un talle, medirlo por las dudas… ahora se complicó increíblemente. En mi decisión entran 15 millones de variables superfluas que nada hacen a la simple y cultural necesidad de no salir en bolas a la calle.
En fin… toda esta sarta de reflexiones baratas son consecuencias de ver este video, que se los recomiendo de acá a la China, a ver si entendemos que “elegir” entre muchas opciones no necesariamente nos hace “más libres” o felices… y veamos, de mano de un profesional, porque.
Un comentario en “La paradoja de elegir”
yo elegí no estudiar ingles por eso no entendi lo que decia el psicologo
Li
25 de July de 2009 a las 2:43 pm